Porque lo público es diverso, como lo es la ciudadanía
Porque lo público es diverso, como lo es la ciudadanía

Recordando la historia para no repetirla

Imagen del Monumento a las Víctimas del Holocausto de Berlín

Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto 2021

El 27 de enero, como cada año, Naciones Unidas rinde homenaje a la memoria de las víctimas del Holocausto y ratifica su compromiso de luchar contra el antisemitismo, el racismo y toda otra forma de odio que pueda conducir al rechazo, discriminación o actos violentos contra determinados grupos humanos. Las víctimas del Holocausto fueron personas atacadas por el fascismo nazi mediante diversas prácticas discriminatorias, utilizando como excusa su origen étnico, religión, ideología, orientación sexual, diversidad funcional, etc. Estas prácticas institucionalizadas comenzaron con el rechazo y siguieron con una discriminación social legalizada contra grupos específicos, y su persecución y aniquilación se intensificó durante la Segunda Guerra Mundial con el encarcelamiento no judicial, confiscación de propiedad, trabajo forzado, esclavitud laboral y sexual, experimentación médica, muerte por exceso de trabajo, desnutrición y ejecución a través de una variedad de métodos. Recordemos siempre que el genocidio no surgió de la nada, fue fraguándose y ejecutándose poco a poco, con el ejercicio de poder de unos pocos y con el consentimiento de muchos.

La necesidad de recordar el Holocausto, no solo es un acto de justicia y reparación hacia los once millones de víctimas, sino que como se ha dicho tantas veces, conocer y recordar la historia es un acto básico para aprender de los graves errores cometidos y no volver a repetirlos. Conservar la memoria es fundamental, porque nos permite recordar de dónde venimos, quiénes somos y cómo hemos ido evolucionando, pero sobre todo para entender las causas, procesos y terribles consecuencias que determinados hechos históricos han tenido, y con ello, comprender como hacer para que no vuelvan a producirse.

La propia Estrategia y Plan de Acción de Naciones Unidas para la lucha contra el discurso de odio reconoce que el actual es un tiempo muy complicado donde se están propagando y justificando distintas formas de discriminación. Hoy el mundo tiene que lidiar con problemas como el racismo, la xenofobia, la discriminación de género u orientación sexual, y otras formas de discriminación y odio como el antisemitismo, el odio contra los musulmanes y población gitana, el odio al pobre, etc. Se están explotando los medios sociales y otras formas de comunicación, como plataformas y redes sociales, para promover el discurso de odio y el discurso público que se está convirtiendo en un arma para cosechar ganancias políticas con una retórica incendiaria que estigmatiza y deshumaniza a determinados grupos sociales, inmigrantes, refugiados, mujeres y todos aquellos etiquetados como “los otros”. Así mismo, reconoce que no se trata de un fenómeno aislado, ni de las estridencias de algunos individuos con una conducta desviada o al margen de la sociedad. El odio se está generalizando, tanto en las democracias liberales y el asalto al Congreso de EE. UU es un claro ejemplo de ello, como en los sistemas autoritarios y, con cada norma que se rompe, se debilitan los pilares de nuestra común humanidad.

Como afirmaba Antumi Toasijé, en el libro El mito del loco y solitario racista, el racismo y odio es una red de varios nudos, social, económico, político, educativo… que afanosas manos intentan construir en cada resquicio posible con ideas distorsionadas que se imponen si la ocasión lo permite. En este sentido es importante que tengamos en cuenta que las ideas, los discursos y las prácticas de odio como elementos previos a la agresión y aniquilación, se encuadran siempre en un determinado contexto histórico y no es posible comprenderlas sin considerar algunos elementos propios de la época y mundo en que vivimos; en ese momento, con el aumento de las diferencias entre norte y sur, la globalización económica, el mercado de la comunicación, la nueva organización y división mundial del trabajo, los movimientos migratorios, la crisis de las identidades colectivas, la crisis del Estado de Bienestar y de la idea misma de Estado Nación, la reciente crisis económico-financiera que ha incrementado las desigualdad y cabe en este momento tan incierto y preocupante, sumar a todo esto la crisis sanitaria y económica generada por la Covid-19. Desde este recuerdo a las víctimas y conociendo las causas y los procesos que se produjeron y culminaron con el genocidio, podremos comprender qué está ocurriendo en nuestros días.

La lucha contra el discurso de odio es responsabilidad de todos, gobiernos, sociedades y el sector privado, pero empieza por la responsabilidad individual de cada ciudadano y ciudadana en nuestro entorno; familia, trabajo, relaciones, y por supuesto, en la exigencia a los gobiernos e instituciones para que pongan todos los medios de vigilancia, persecución, educación y reparación para acabar con el discurso de odio que culpabiliza y legitima la exclusión y violencia. La olla a presión en la que vivimos en este momento, unida a la frustración social y el oportunismo de ciertos grupos y partidos políticos para aprovecharse del momento y las necesidades para generar miedo y odio están ahí, y saberlo e impedirlo a tiempo es el mejor recordatorio que podemos ofrecer a las víctimas del Holocausto.